Tengo una cierta deformación de los tiempos en que ejercí el periodismo. Y seis décadas habitando el planeta. Para mí no hay noticias increíbles. Ni tampoco creíbles hasta que pasen por, al menos, tres comprobaciones: quién la da, dónde está el origen y si tengo alguna manera de comprobarlo de manera tangible.
Ustedes dirán que así me muevo con muy poco saber en un mundo lleno de supuesta información. No lo crean. Si el asunto en verdad interesa merece la pena recorrer esos tres pasos y no dejarse llevar por las prisas o las primeras impresiones. Es cierto que hay que muchas cuestiones que me gustaría y no puedo abarcar. Pero, a veces, una pequeña investigación que ratifique o desmienta un sola noticia, puede servir para purgar -poniéndolas bajo sospecha- malas informaciones futuras, ya vengan de particulares, medios de comunicación o instituciones y eso ahorra mucho tiempo y esfuerzo de ahí en adelante.
Insisto, no hay noticias increíbles, sino la percepción de su credibilidad. Luego, tan sólo son noticias verdaderas, falsas o incompletas. Y, por cierto, les deseo que nunca, nunca sean ustedes noticia. Ya saben: no news…
