Apuntes sobre lo que llevo en la maleta

Miguel Ángel Vergaz

Jericho

Me he impuesto la tradición de escribir unas palabras a mi mujer en el Día de Madre. Es lo justo, ella es la que verdaderamente guía a mis hijos a pesar, o precisamente, porque yo paso más tiempo con ellos. 

La verdad es que en esta ocasión lo tengo fácil. Quiero devolverle el eco de un magnífico regalo que me hizo este año. 

Me explico. Nuestra cantautora favorita es Mary Chapin Carpenter. Nacida en New Jersey hace 67 años, Mary tiene una consolidada reputación en Norteamérica, Canadá y Gran Bretaña, pero es poco conocida en el mundo hispanohablante a excepción de los aficionados al género ‘Americana’.

Siempre que tengo que recordarme que no soy una bestia insensible desde mi hombro derecho me berrea el tío Nick Cave y desde el izquierdo me susurra la dulce ‘Mother’ Mary. A la misma altura. 

Aunque, lo confieso, tengo más debilidad por Mary por cuestiones particulares. Después de lo que imagino fue un día en el que tuvo que aguantar una especial dosis de mi mal humor, creé una lista en Spotify para la madre de mis hijos que comenzaba con una canción de Carpenter llamada Jericho. La canción trata del mucho tiempo que requiere el amor; porque cuesta ver al otro y hay que adaptar los ojos a su oscuridad y limpiarla de cenizas; porque oír al otro requiere mucho, mucho tiempo hasta saber no sólo lo que dice, sino lo que anhela decir; porque cuesta conocer al otro y: 

Knowing takes a long, long time

And time is all we have 

Never traveling in straight lines

So memorize each turn and twist

Just be careful as you go

Then my heart is Jericho.

Es decir, que saber requiere de mucho, mucho tiempo, y el tiempo es lo único que tenemos; nunca se viaja en linea recta y hay que memorizar cada giro y desvío. El amor es un laberinto en el hay que avanzar con cuidado porque el corazón es Jericó.

La ocurrencia de la lista de Spotify fue tan efectiva que, a veces, como compartimos la misma suscripción, compruebo que mi mujer y Mary están conectadas. Bueno, me paso de arrogante: digamos que Alicia tiene amistad con Mary sin necesidad de que ande yo por medio.

Pero por si eso no fuera suficiente para tener en un altar a la de New Jersey, en el tiempo del Covid colgó en Youtube una canción a la semana, captada con su móvil, en su cocina o en su salón, con su perro jugando o gruñendo a sus pies. Fue una cita semanal que veíamos toda la familia y a la que nunca faltamos.

Por supuesto, tengo a Mary Chapin Carpenter en la lista de seguimiento y así me enteré este año de un nuevo disco titulado ‘Looking for the thread’, algo así como ‘buscando el hilo‘ y, en el pleno sentido de la canción, ‘buscar el hilo que nos une a todos’. La novedad es que no era un disco en solitario, sino un trío con las escocesas Julie Fowlis y Karine Polwart. Esta última aportaba, además, su banda. Parece poca cosa, pero Carpenter se atrevió a salir de la zona de confort y afrontar el gaélico en algunos temas.

Mostré cierto interés por el disco. Como siempre me pasa con Mary, se repitió el fenómeno curioso de parecerme un trabajo más flojo que el anterior y luego no parar de oírlo. Se anunciaban varios recitales, uno de ellos en Londres. No sabía si acercarme: es cierto que nunca había ido a un concierto suyo pero, al fin y al cabo, no actuaba ella sola y lo hacía en una ciudad cara que me irrita cada vez más. Mi mujer fingió indiferencia. Es una maestra de tomarme el pelo: ya había comprado las entradas. Cuando lo supe también supe lo que ella anhelaba antes que lo dijera: que Mary cantara Jericho. 

Ya les adelanto que no tuvo suerte y quiero compensarle con las líneas siguientes:

Por de pronto, antes de entrar en el Teatro Palladium te encontrabas realmente mal hasta el punto de ofrecerte darnos la vuelta. No quisiste. Luego, la primera parte del concierto fue un pequeño desastre técnico. La guitarra de Polwert no sonaba y al menos se perdieron diez o quince minutos en arreglarlo todo. Ante la adversidad, Mary dio dos lecciones de saber estar.

Primero se dirigió al auditorio del teatro para establecer un diálogo con los asistentes. Explicó cómo se había gestado la colaboración, ya que, durante años participaba en el encuentro que reúne norteamericanos y británicos en las Transatlantic Sessions. A partir del Covid decidió que su nuevo proyecto sería al otro lado del charco… El sonido volvió a la guitarra de su compañera, pero las voces estaban desequilibradas hasta el punto en que apenas se oía a Mary cuando tenía que hacer los coros. Fue tan evidente, que la norteamericana pidió disculpas por la osadía de subir al escenario con dos voces tan magnificas, cuando la suya ya no es lo que fue. El público protestó de manera benigna y ella, seria, replicó: es la verdad. Y es verdad, pero sólo en parte: ha perdido potencia, pero ha ganado una calidez, delicadeza y suavidad tan perfectas que casi duelen.

Vino el descanso y tú seguías aún mal. Miré al publico y quise distraerte señalando que, por una vez, éramos los dos, a pesar de nuestra diferencia de años, los que bajábamos la media de edad del auditorio. “Han venido a su propio funeral”, comenté de manera sarcástica.

Me preguntaste por qué, ya que no habías tenido tiempo de oír las canciones del disco. Te expliqué -por supuesto de una manera más incoherente que ahora- que ‘Looking for the Thread’ es una delicada celebración de la vida en torno a un memento mori, una canción central y un single titulado ‘Hold Everything’, que debe entenderse como ‘tenerlo todo atado, unido, preparado’.

En esa canción las tres gracias preguntaban a los muertos cómo fue: si acaso no oyeron el coche acercarse, si ya no sentían nada por la morfina o si alguien les acariciaba el cabello en su últimos momentos o si ellos se lo acariciaban a su nietos; si la muerte les alcanzó mientras protegían a sus hijos o si estaban solos en la cama del hospital, si buscaban en los ojos del otro la certeza de que volverían a estar unidos…Y nos recordaban a los vivos que hay que tenerlo todo junto, atado, unido cuando llegue el momento.

En estas que acaba el descanso y la primera canción fue, precisamente, ‘Hold Everything’. Todo sonaba mucho mejor. De reojo te miré y vi que llorabas a lágrima viva. Por un momento pensé que te habías puesto peor. Pero me sonreíste entre lágrimas -ah, ese adorable gesto de la niña pequeña que aún está dentro de ti– evidenciando de nuevo que no me entero de nada. Y digo de nuevo porque, en la oscuridad del teatro, brilló la luz de Lisboa hace 20 años, en nuestro primer viaje juntos, cuando comíamos en Chapitó a Mesa y te conté de manera incoherente lo que sentía por ti. Y soltaste unas lágrimas y yo te pregunté si te encontrabas bien y me dijiste que te habías atragantado, hasta que ya harta de que te ofreciera agua y te mirara con preocupación me dijiste: “Idiota, que estoy emocionada”. Ya te digo que se necesita tiempo y hay que recordar cada giro del camino.

Cierto, Mary no cantó ‘Jericho’. Yo tuve más suerte, mi canción favorita es The made that we are of, (Las cosas de las que estamos hechos) que sonó en la primera parte del concierto como un milagro entre el desastre. Hay una parte que siempre me recuerda un momento crucial de mi vida. 

If the past’s another country I’m at the border with my papers

Where is your heart if not inside you where is home or are you lost

Where is love if not beside you I had no answers but they let me cross

(Si el pasado es otro país, estoy en la frontera con mis papeles. ¿Dónde está tu corazón si no dentro de ti? ¿Dónde está tu hogar o estás perdido? ¿Dónde está el amor sino a tu lado? No encontré las respuestas, pero me dejaron cruzar).

Una de mis pesadillas recurrentes es que aún estoy al otro lado de esa frontera.

Pero en la vida real al otro lado de esa frontera estabas tú. 

Tenías el hilo que lo une todo. 

Y tanto tiempo después estabas en la butaca al lado mientras me caía una lágrima. Entusiasmada con mi emoción, grabando el momento para compartirlo con nuestros hijos, a los que habías dejado todo dispuesto en uno de esos alardes de estrategia de los que yo soy incapaz.

Debo confesarte que yo sí que oí ‘Jericho’. En realidad, lo oigo siempre.

En tu corazón.

Una respuesta a “Jericho”

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