Apuntes sobre lo que llevo en la maleta

Miguel Ángel Vergaz

Gracias a ti los niños buenos no han muerto

Esposa y madre de mis hijos: 

El otro día leía un delicioso y perturbador relato de Mark Twain: ‘El cuento del niño bueno’. De un niño bueno al extremo. Ni travesuras, ni mentiras, ni desobediencia. Nada. Su bondad era tan inhumana que atemorizaba incluso a los peores niños del pueblo y no se metían con él (un margen que hoy, me temo, no tendría ni el primer día de preescolar).  Al margen del argumento, lo que me dio un terrible escalofrío en ese relato fue la soledad de su protagonista. Había llegado a la conclusión de que todos los niños buenos habían vivido en otra época y muerto antes de que él llegara al mundo. Yo también lo sentí de niño.

Acabo de leer uno de tus sobrecogedores reportajes sobre el acoso escolar. Palizas calculadas por los matones antes de cumplir catorce años porque al día siguiente serían delito, de quitar el almuerzo se pasa a las extorsiones de dinero, niños suplicando cualquier castigo antes que ir al colegio; familias trashumantes de colegio, de ciudad,  huyendo de los matones y su reinado impune… Hasta que ya no queda ni familia. Y, enfrente, un protocolo de las autoridades al que tú siempre das una oportunidad, pero yo no puedo. Dos de las mejores personas que conozco trabajaban en la implantación de esos protocolos y, mientras, su propio hijo era víctima de maltratos escolares con secuelas permanentes, con lo que llegaban a la misma conclusión que este, tu marido: que los matones solo necesitan el correctivo de un par de hostias bien dadas y, desde luego, ningún estatuto de víctimas. Si la violencia engendra violencia, que se lleven una parte. Yo mismo padecí maltrato escolar desde que entré en el colegio y sé de lo que hablo. 

No es la primera vez que escribes sobre este tema. Es una de tus denuncias constantes y es imposible de todo punto decirte que ya has escrito demasiado sobre ello… A menudo me pregunto el porqué de esa insistencia. Y creo que he dado con la clave. Son radiaciones del amor por tus hijos, imposible de medir. Nuestros hijos, por fortuna, las arman picudas, son mentirosos y desobedientes en el justo punto para realzar su encanto. Pero tienen grabado a fuego de tu amor ponerse de parte del más débil. Si la edad, Dios o el destino se comportan de manera un poco decente yo moriré primero y no lo podré hacer de manera más tranquila al saber que te tienen. 

Sé de lo que hablo. Las radiaciones de ese amor de madre llegan hasta el niño desgraciado que aún está dentro de mí. Y necesita de tu protección. 

Allí donde haya una MADRE como tú, todos los niños buenos no habrán muerto. 

Estas palabras debiera haberlas escrito el Día de la Madre, que sólo por madres como tú no se trata de un evento comercial más. Pero como decía mi propia madre -capaz de dar la vida por mí, pero poco dada a ternezas- “pero cuánto tardas en hacerlo todo, hijo”. Al final, después de reprocharme nuestra diferencia de edad, después de conocerte, después de conocer a sus dos nietos, ella se fue tranquila de haber dejado en las mejores manos a su niño tonto, bueno e indefenso.

8 respuestas a “Gracias a ti los niños buenos no han muerto”

  1. Establecer la maldad o la bondad de una criatura es complicado, porque además del propio carácter de cada cual influyen las circunstancias externas por las que retoza la niña o el niño. En la infancia se absorbe lo que se vive. Esas bofetadas que les daríamos (aunque solo lo hagamos de pensamiento) a los matones tal vez las merezcan las personas adultas con las que conviven. Mi madre (siempre las madres) suele sacar a colación un proverbio que, salvo excepciones, cumple las estadísticas: «De padres gatos, hijos cazadores de ratones«. Y quien dice padres, dice ambiente, entorno, acompañantes… Pero, de vez en cuando, han de romperse los esquemas y el niño déspota y el adolescente acosador pueden revertir en un adulto razonable.

    Salud.

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