Apuntes sobre lo que llevo en la maleta

Miguel Ángel Vergaz

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Nunca veré ‘Emilia Pérez’

Jacques Audiard estaba enfrente de mí, un periodista más de una rueda de prensa de en un festival de cine. Corría el año 2012 (creo) cuando Audiard promocionaba ‘De roville et D’os’ (De óxido y hueso). Era su siguiente película tras ‘Un Profeta’, que, aunque larga, me gustó por aportar algún punto original a la trillada historia de derrocamientos y ascensos en el crimen organizado. ‘De óxido y hueso’, en cambio, era el típico producto de lo que yo denomino como ‘industria de autor’: producción con buenos contactos con la financiación pública en la que si no entiendes dilaciones, giros caprichosos, metrajes hinchados, diálogos en que los actores ( a los que se les han convencido de que ese va a ser su gran papel y que siempre deviene en su gran papelón) hablan al público y no entre ellos, es que te falta inteligencia y sensibilidad para saber que tus impuestos están mejor en su bolsillo. Además, Audiard había sido presentado en términos elogiosos por el director del festival, que era un fan suyo. Así pues, nadie se atrevía a preguntar a un individuo que nos miraba con evidente desprecio e impaciencia.

Por justificar mi sueldo, le hice la primera pregunta. Me basé en recordar que el padre de Jacques Audiard, Michael Audiard, había sido un más que buen guionista del cine policiaco francés y le interrogué sobre qué influencia había tenido ese cine en sus películas.

No lo quisiera Dios. Me miró con un destello de odio. En un segundo me di cuenta de lo que pasaba: el tipo era un niño de papá al que su apellido había abierto las puertas del cine, pero que no había conseguido matar al padre.

-Voy a ser brutal en mi respuesta, el cine negro francés no existe, es una basura. (Me espetó).

Esto es, Melville, Sautet, Pialat, entre muchos otros, a tomar por saco. O eso querría, pues las reposiciones de aquellos se ven y se verán más que los estrenos del nene por mucho revuelo que armen. Aquellos eran cineastas honestos. Él, uno, otro más, al que se le permite ir de genio. Y eso la gente, especialmente si no es cinéfila, lo sabe desde el primer plano.

Sonreí mientras apuntaba esa bo-boutade. Y oigo:

-¿Ha quedado claro?

Levanto los ojos del cuaderno y el tío aún me estaba mirando.

Suspiré, hastiado.

-Sí, ha sido muy bruto (mascullé).

No creía que me hubiera oído nadie. Pero los que estaban a mi lado se rieron a placer. El cabreo de Jacquesito fue monumental. Yo le miré desafiante en plan «a mi me despiden, pero te llevas dos hostias». El director del festival le hizo una pregunta halagüeña para calmar el ambiente, aunque él mismo era un apasionado del polar francés.

Más de un década después, cuando ya tenía más que en el olvido esa anécdota, me encuentro con docenas de titulares en prensa sobre ‘Emilia Pérez’, -la última entrega de Audiard- con la excusa de la cultura para dar paso al simple cotilleo. Una maravilla para no hablar de temas importantes. Rara vez, por desgracia, he visto mejor sintonía entre un director, mejor, un orquestador metido en el cine y el tiempo que nos ha tocado vivir.

-Bueno -me dicen- ¿la vas a ver?

-No. Aún me deben una disculpa.

Y como soy menos que nadie para Audiard, pues eso salgo ganando.

2 respuestas a “Nunca veré ‘Emilia Pérez’”

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